Parece que cuando llega diciembre todo el mundo comienza a volverse loco y pierden el control sobre todo lo que hacen con relación a su rutina de entrenamiento y dieta. Comienzan las comidas/cenas de empresa, los compromisos familiares y sociales a los que no se puede decir no. A partir de entonces todo empieza a ser una cuesta abajo que acaba por desmadrarse en las navidades: que si nochebuena, comida de navidad, nochevieja, la comida de después…y así hasta el día 8 de enero, que nos subimos a la báscula y es en el momento en el que nos replanteamos nuestra existencia por haber subido más kilos de lo esperado.

¿Es esto inevitable? Por supuesto que no. Vamos a ver, que surjan más eventos y compromisos sociales no tiene por qué comprometer nuestro planteamiento nutricional/deportivo. Todo esto es cuestión de dos cosas: prioridades y organización.

Además, si eres medianamente razonable y no se te va la cabeza, no tienes por qué engordar durante las navidades y vísperas. ¿Quizás no sigas progresando? Es posible, pero también se puede seguir mejorando. Irá en función de tu grado de compromiso y adherencia a tu programación, tanto nutricional como deportiva.

¿Cómo lo hacemos? Os lo cuento.

Primero vamos a empezar por lo más sencillo de seguir, los entrenamientos. Aquí no habrá nada ni nadie que te haga entrenar menos que tú mismo. La única dificultad que se puede plantear (y esto no se da en todos los gimnasios) es que los horarios sean más restringidos. Aquí volvemos a las dos claves que comentaba anteriormente: prioridades y organización. Si ves que al día siguiente tu gimnasio va a cerrar a medio día quizás que duermas menos de 5 horas, salgas y te bebas hasta el agua de los floreros no sea la mejor opción. También puedes anticiparte a los acontecimientos y entrenar los días que te tocan, cuadrando un descanso en ese tipo de días.

También sabed que muchos gimnasios abren los 365 días del año con horarios algo más reducidos a los que suelen tener normalmente, pero pueden quedar abiertos hasta las 9 de la noche.

Como veis opciones no faltan, pero lo importante es ir a entrenar y cumplir con la programación. De este modo, se crea un ambiente metabólico hormonal mucho más favorable que disminuirá el impacto que puede tener no sólo el exceso de comida sino de bebida. Pero eh, que no se me malinterprete porque esto no quiere decir que si entrenáis estáis exentos de cualquier impacto negativo, sino que este se verá atenuado.

¿Y la dieta? Bueno aquí la cosa se complica un poquito, pero no hay nada que no se pueda hacer. Vamos a ver, como mucho en un mismo día tendréis una sola comida en la que no podréis seguir la dieta por lo que el resto del día nos centraremos en hacer las cosas lo mejor posible. ¿Cómo? Tenéis muchas opciones, vosotros elegid la que mejor se adapte a vuestros gustos personales y situación individual.

La opción más sabia y balanceada es comer según paute el protocolo nutricional que tienes hasta la comida libre. Si quieres hacerlo realmente bien, en esta comida deberás elegir una opción saludable que podrás cuadrar perfectamente en tu planificación. Básicamente elige alimentos reales, busca fuentes de verduras y hortalizas, proteína de calidad y aléjate de todos aquellos alimentos procesados y/o que sepas que son muy calóricos.

Otra alternativa es que si sabes que la comida libre que vas a realizar no será muy saludable o bien que te vas a pasar de cantidades, lo que te recomiendo es que o bien disminuyas las cantidades de las comidas previas y/o posteriores o bien, hagas ayuno intermitente. De este modo, estarás ahorrando calorías que podrás consumir en la comida libre con más tranquilidad. Además, el ayuno intermitente podrá servir tanto para el día en el que se hace la comida libre como para el día de después. El hacerlo uno o dos días dependerá de lo que te hayas pasado y del resto de tu programación, pero vamos, que es algo que se puede hacer para poder cuadrar el balance calórico semanal sin que se nos vaya la cosa de madre.

El ayuno será una opción muy recomendada ya que no sólo permite conseguir aquello que estamos buscando, sino que también ayuda a un mejor control del hambre, aportando saciedad y menos antojos. Es curioso, pero haciendo ayuno intermitente en las comidas libres se come menos porque se va con menos hambre y te sacias más rápido.

Otro de los consejos que suelo dar es que, si bebes más de la cuenta, no comas al fallo porque aquello va a ser un desastre. O comes más o bebes más, pero ambas a la vez no por favor. El alcohol no sólo aporta calorías vacías y es un tóxico para el organismo, sino que también entorpece el metabolismo. Si tienes que elegir una de las dos, casi que te diría que es preferible comer más de la cuenta a beber más de la cuenta. El control de las cantidades es fundamental, porque si te andas pasando todos los días al final vas a generar un superávit muy alto que hará que ganes grasa.

Y hablando de cantidades, siempre es más conveniente comer más de carnes, pescados, aves, verduras, hortalizas, legumbres, cereales…comida real al fin y al cabo que más turrones, mazapanes, dulces, embutidos, procesados…Por tanto, para controlar este aspecto siempre empezad con una ración generosa de verduras/hortalizas para luego reducir las cantidades de los siguientes platos, especialmente de los postres que son lo que más peligro suele tener.

Y tampoco hay mucho más misterio: come lo mejor posible, no te pases con las cantidades y si puedes, no bebas. Se podría resumir en esos tres aspectos. Si te pasas un día sin seguir estos consejos tampoco se va a ir todo al garete, “un solo mal día no hace un mal cuerpo al igual que un sólo buen día no hace un buen cuerpo” por lo que tampoco hagáis burradas de sobre compensar a muerte y mataros a hacer cardio, que tampoco es cuestión de pasarlo mal. Tener una mentalidad positiva y relajada parece mentira, pero también influye.

Dicho esto, disfrutad de las navidades eso sí, con cabeza.

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¡Nos vemos!