Durante los últimos años se ha estado discutiendo sobre la eficacia que presenta la exposición al frío sobre la pérdida de grasa, así como sobre la salud. Y esto viene del descubrimiento del tejido adiposo marrón, es decir, un tejido graso con una capacidad especial de poder realizar la termogénesis.

¿Qué es la termogénesis? La termogénesis es la capacidad de síntesis de calor mediante la oxidación de ácidos grasos. Esto como podréis ver hace una doble acción: por un lado, reduce los depósitos de grasa corporal y por otro lado, incrementa el gasto energético.

Para los que estéis un poco perdidos, recordaros que el gasto energético está compuesto por varios factores: la tasa metabólica basal (que constituirá la mayoría de este, entre un 50-70% según el nivel de actividad del sujeto), la actividad física y la termogénesis (que puede ser adaptativa u obligatoria). La termogénesis de la que estamos hablando es la termogénesis adaptativa ya que se realiza con la finalidad de generar respuestas de adaptación del organismo para asegurar la homeostasis. Cuando hablamos de la exposición al frío estaríamos hablando del proceso de termorregulación, incrementando la temperatura corporal con la finalidad de proteger al cuerpo de una posible hipotermia.

El impacto que tenía el tejido adiposo marrón o TAB se estudió tanto en animales como en células in vitro con la finalidad de encontrar medidas de tratamiento avanzadas en sujetos con un elevado sobrepeso y obesos. Los resultados fueron prometedores ya que los estudios revelaron incrementos del gasto energético de forma significativa, así como mejoras en la eficiencia metabólica.

Pero hay un problema…los humanos adultos apenas tienen tejido adiposo marrón, ya que este sólo se encuentra en neonatos y bebés, y va desapareciendo durante el crecimiento. Sin embargo, se encontró algo muy interesante y es que hay unas células del tejido adiposo blanco (que es el tejido graso que todos conocemos) que tienen genes mixtos de células blancas y células marrones. Estas células se conocen con el nombre de células progenitoras y se encuentran en estado de latencia actuando como células blancas hasta que son sometidas a determinados estímulos que implican un cambio morfológico y funcional de las mismas, convirtiéndose en células beige (la famosa grasa parda). Así, consiguen la capacidad de realizar la termogénesis y por tanto, de generar todas estas adaptaciones y acciones beneficiosas.

¿Y qué tiene que ver el frío? Pues todo.

El frío genera un estímulo capaz de generar la transformación de las células progenitoras en células beige. ¿Cómo? A través de una activación del sistema nervioso simpático que genera una liberación de catecolaminas, adrenalina y noradrenalina que actuarán sobre receptores beta-3 de las células progenitoras generando cambios en las mismas que inducen a su transformación en células beige. Entre ellas, la síntesis de proteínas específicas, como la adipsina o proteína desacoplante, que es capaz de utilizar la energía generada en la oxidación de las grasas para poder formar calor.

Otro inconveniente que podemos encontrar es que estas adaptaciones generadas son reversibles si se deja de producir el estímulo por lo que las células pueden revertir a su forma original con sus funciones de células blancas. La idea es poder repetir el estímulo de tal modo que las adaptaciones no se reviertan. Además, podremos encontrar otros beneficios a parte del gasto mediante la activación del tejido adiposo marrón: aumento de la angiogénesis, incremento de la sensibilidad a la insulina, mayor biogénesis mitocondrial, aumento de la mineralización ósea…

De tal modo que no sólo estaremos incrementando el gasto energético, sino que también estaremos mejorando la eficiencia metabólica facilitando el uso de sustratos como fuente energética, tanto con las grasas como con los carbohidratos.

¿Entonces cómo podemos aplicar esto y qué impacto puede tener sobre la pérdida de grasa? Antes de que todos empecéis a quitaros los abrigos y a daros baños de agua helada, seguid leyendo…

Recordad que para perder grasa es importante tener en consideración dos factores, el gasto y el consumo, de tal modo que el primero siempre sea superior al segundo. Sin embargo, tenemos que saber que el frío también puede generar cambios a nivel neurohormonal produciendo un incremento de hormonas inductoras del hambre, como la leptina, especialmente si entrenamos en estos ambientes fríos. Un dato curioso es que se vio que entrenando en ambientes cálidos el proceso era el contrario y se producía un aumento de hormonas anorexígenas. Por tanto, podríamos decir que sería interesante estar expuestos al frío durante unas horas a lo largo del día, pero entrenar en ambientes cálidos.

Otra cosa que tener en consideración es que no todos los sujetos responden de la misma manera (qué sorpresa), encontrando así sujetos respondedores y sujetos no respondedores, siendo estos últimos aquellos en los que el gasto debido al frío es menor. Esto se vio en un estudio en el que se comprobó que en el aproximadamente 50% de la muestra no se mostró activación en el TAB.

Además, en sujetos deportistas los efectos del TAB se verá aumentado, pero en aquellos con bajo porcentaje graso estas adaptaciones se verán reducidas en gran medida porque en situaciones de baja disponibilidad energética, la actividad del TAB también se ve disminuida como adaptación al déficit calórico.

Resumiendo…

Activando las células progenitoras con la exposición al frío durante varias horas al día incrementamos el gasto calórico total que puede tener no sólo beneficios sobre el proceso de pérdida de grasa favoreciendo el balance gasto > consumo sino que también mejora la eficiencia metabólica, viendo así otros beneficios sobre la salud. Un punto interesante es que los sujetos deportistas de porcentaje graso moderado (>11-12% en hombres y >15-17% en mujeres) pueden verse aún más beneficiados de dicho efecto. Eso sí, también deberá cuidarse el consumo por lo que una estrategia interesante será entrenar en ambientes cálidos favoreciendo una mayor producción de hormonas que supriman el hambre, favoreciendo así la reducción del consumo diario.

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